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Ignacio Valdez

Ignacio Valdez

Por Marco A. Valencia – Tomado de “14 Crónicas” – Marco A. Valencia Calle – Revista Ojo al Cuento N°4 – Popayán, Colombia, 2000.

“Yo fui chofer de uno de los duros de Cali. Al principio me tocó tenaz, pero una vez que me gané la confianza de esos manes, fue muy bacano.

Cada viernes nos íbamos para una de las fincas que ellos tenían por acá cerca de Silvia. Eso era juerga corrida. Venían a la rumba unas viejotas, hum, mejor dicho, eran viejas de esas que salen en la televisión, modelos de pasarela y chinas bien de la universidad, y tal.

Armábamos parranda, echábamos piscina y perica ventiada…

La verdad es que yo nunca le jalé al vicio; eso sí le agradezco al patrón que tuve. Y no le voy a decir el nombre. El man, que era un doctor duro, desde el primer día de rumba me llamó aparte y me aleccionó bien; me dijo que el vicio era para los pendejos, para los del gatillo. Que disfrutara la rumba, que me ganara mis pesitos para ayudar a los de mi casa, pero que ojo con el vicio, que yo era el chofer y me necesitaba bien cuerdo, no fuera a ser que nos cogiera el barril de la pelona.

¡Uy! El patrón era bien conmigo, a veces me decía: ¡y qué Valdez!, ¿ya llamó a su mamá para decirle que está bien? Acuérdese que ella es la que reza por los dos y hay que tenerla sin preocupaciones. En otras, me ponía una mano en el hombro y me decía que me viniera para Popayán en la camioneta, que visitara la cucha y le trajera unos regalitos. Tranquilo hombre, y si quiere se queda unos días por allá, y de paso me hace un par de vuelticas. Y yo: ¡Listo hermano!

Alcancé a venir como unas doce veces a descrestar a los manes del barrio, imagínate, manejando senda nave, con pinta de bacán, ¡uy!, todo el mundo pensaba que yo era el traqueto. Y las peladas se me ofrecían y la cucha se ponía re contenta: porque eso era lo importante, tener bien a la cucha. Le compré lavadora, aspiradora, televisor de 24 a full color, VHS y hasta una imagen de la Virgen del Carmen tamaño natural le compré. A mis hermanos, claro, a ellos también les daba su billetico para que lo pasarán bien, pero lo importante era la cucha, hermano, ¿si entiende?

Con los días las cosas se fueron poniendo feas, y el patrón, a lo bien, me dejó elegir opción: o me ponía a guerrear con una mini uzi, o me venía para donde mi mamá, y que cuando pasara el azare me mandaba llamar. Pero qué va. Las cosas han seguido mal. A más de un compañero de por acá que sí se quedó a guerriar les han dado en la cabeza.

Yo aquí mientras tanto he metido hoja de vida en varias partes y con fotocopia de la recomendación que me dio el patrón, pero hasta la fecha, nanay, nada, hermano.

Me han ofrecido como dos trabajos de chofer con sueldo mínimo, y qué va, yo soy un chofer experto, con experiencia y por los que me ofrecen es mejor no trabajar. Por esa plata es rebajarse uno mucho. Vos tenés que valorarte, hacer valer tu trabajo profesional.

El patrón que tuve, ese man sí que era calidad. Yo le cumplí a lo bien, y sé que me va a llamar apenas pase la cosa. ¡Uy!, no ve que yo le sabía las mañas y todo. El hombre conmigo no problems, hermano.

Por ahora, a la cucha y a mis hermanos les toca reventar para mantenerme. Ellos supieron y saben cómo es la cosa conmigo. Cuando tuve billetes les di y les gastonié.

Yo sé que están mal ahora, pero cuando el patrón salga de todos estos problemas con la ley, seguro me vuelve a llamar y les voy a recompensar a lo bien lo que están haciendo por mí.

Pobre cucha. Barriendo y trapeando todo el día piezas de motel: Le toca duro, no creas.

Mi hermano, no pues, ese man vende vainas en los semáforos y en los paraderos de los buses. Ese es como camellador. El hombre se levanta desde las cuatro de la mañana a trabajar duro y va a salir adelante, como yo lo hice un día.

Mi hermana, ¡ah!, esa sí que es como lerda. No le gusta trabajar. Dizque quiere ser odontóloga y no sé qué. Mejor dicho, la pobre no se centra en la realidad del país, y ni ayuda para la casa ni nada. Un día de estos me va a tocar ponerme serio y darle una paliza para que deje de soñar pendejadas y se ponga a camellar, para que ayude con los gastos de la casa.

gnacio Valdez

Por Marco A. Valencia

Tomado de “14 Crónicas” – Marco A. Valencia Calle – Revista Ojo al Cuento N°4 – Popayán, Colombia, 2000.

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